Salud
11 de noviembre de 2025 | 17:50Estrés, sedentarismo y “hambre por aburrimiento”: los efectos del trabajo de oficina en la alimentación
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La nutricionista de la Usach, Daniela González, explicó cómo el estrés y la inactividad física alteran las señales del apetito, favoreciendo el consumo de alimentos ultraprocesados en los espacios laborales.
Pasar largas horas frente al computador no solo afecta la postura o la vista. También cambia la forma en que comemos. En Chile, miles de trabajadores pasan entre ocho y diez horas en oficinas o espacios sedentarios, donde el café, las galletas y los snacks ultraprocesados se han convertido en parte del día a día.
“Estar sentados mucho tiempo disminuye el gasto energético y favorece lo que llamamos hambre por aburrimiento”, explicó Daniela González, nutricionista y académica de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Santiago (Usach). Según la especialista, el entorno laboral moderno combina varios factores que estimulan el apetito más allá de la necesidad fisiológica: la inactividad física, el estrés, la disponibilidad constante de comida y las asociaciones automáticas entre comer y ciertas tareas.
“El estrés laboral altera las hormonas del apetito como el cortisol y la grelina. Además, muchos espacios de trabajo tienen máquinas dispensadoras con snacks ultraprocesados o cafeterías con productos altos en azúcar y grasa”, detalló la profesional. A esto se suma un componente psicológico: asociaciones inconscientes como “reunión = café con galletas” o “tarea difícil = algo dulce”.
Desde el punto de vista biológico, el cuerpo también responde al estrés. “Cuando estamos bajo presión, se activa el eje hipotálamo–hipófisis–adrenal, aumentando la liberación de cortisol. Esto eleva el apetito y el deseo por alimentos ricos en azúcar, grasa y sal, conocidos como comfort foods”, indicó González. Estas comidas liberan dopamina, la hormona del placer, produciendo una sensación momentánea de bienestar, pero con efectos negativos a largo plazo, como el aumento de peso y el desequilibrio metabólico.
La experta agregó que el sedentarismo tiene efectos directos en el metabolismo: “Baja la sensibilidad a la insulina, se reduce la oxidación de grasas y la tasa metabólica basal. También se enlentece la digestión y puede aparecer hinchazón o reflujo”. En el plano mental, la falta de movimiento disminuye la oxigenación cerebral, generando cansancio y fatiga, sensaciones que muchas veces el cuerpo confunde con hambre.
“Cuando estamos agotados, disminuyen las hormonas de saciedad y bienestar, como la leptina y la serotonina, y aumenta la grelina, que estimula el apetito. Así, el cuerpo interpreta el cansancio como necesidad de comer, cuando en realidad lo que falta es descanso”, sostuvo la académica de la Escuela de Ciencias de la Actividad Física, el Deporte y la Salud de la Usach.
Frente a este escenario, la especialista recomienda optar por colaciones saludables y prácticas para el escritorio: frutas frescas, frutos secos en pequeñas porciones, yogur natural o griego, mix de semillas o bastones de verduras como apio, pepino o zanahoria.
“Lo importante es planificar y tener alternativas a mano, porque si la única opción son galletas o papas fritas, será difícil resistirse. No se trata de prohibir, sino de crear un entorno que favorezca decisiones más saludables”, concluyó Daniela González.
