Salud
15 de enero de 2026 | 16:00

No es solo lactosa: las razones ocultas del malestar por lácteos

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Especialista explica por qué hinchazón, gases y dolor abdominal son frecuentes al consumir lácteos en la adultez y qué factores, además de la lactosa, influyen.

La intolerancia a la lactosa es una de las principales razones por las que muchas personas adultas experimentan hinchazón, gases, dolor abdominal o diarrea tras consumir lácteos, debido a la disminución natural de la enzima lactasa con el paso de los años, según explicó la Dra. Sandra Hirsch, gastroenteróloga y nutrióloga de Clínica Santa María.

“A medida que crecemos, nuestro cuerpo está biológicamente programado para disminuir la producción de lactasa. Es un proceso natural de la evolución humana: la leche deja de ser nuestra única fuente de nutrición y el sistema digestivo se adapta a una dieta más variada”, señaló la especialista.

Cuando la lactosa no se digiere correctamente, llega al colon, donde es fermentada por bacterias intestinales, lo que provoca los síntomas digestivos característicos. Estos malestares suelen manifestarse entre 30 minutos y dos horas después de ingerir productos lácteos e incluyen distensión abdominal, gases, ruidos intestinales, dolor abdominal y diarrea.

La Dra. Hirsch explicó que existen dos tipos principales de intolerancia a la lactosa. La genética, asociada a la reducción progresiva de lactasa con la edad, y la adquirida, que aparece tras un daño en la mucosa intestinal producto de diarreas severas, gastroenteritis o enfermedad celíaca no tratada. “A diferencia de la genética, estas suelen ser reversibles una vez que el intestino sane”, precisó.

El diagnóstico se realiza mediante evaluaciones clínicas y pruebas específicas como el test de hidrógeno espirado, exámenes genéticos o biopsias obtenidas por endoscopía.

La especialista indicó que padecer intolerancia a la lactosa no implica eliminar completamente los lácteos. Recomendó optar por productos sin lactosa, consumir yogur y quesos maduros —que suelen ser mejor tolerados—, ingerir porciones pequeñas distribuidas durante el día y asegurar el aporte de calcio mediante alimentos como brócoli, almendras, legumbres o sardinas.

Además, la gastroenteróloga advirtió que no todos los malestares digestivos asociados a los lácteos se deben a la lactosa. En algunos casos, la causa puede ser la caseína, principal proteína de la leche, especialmente su variante A1. “Los lácteos derivados de vacas que producen la variante A1 —la más común en el mercado— se asocian a mayores molestias digestivas. En estos casos, el paciente no tiene un problema con el azúcar de la leche, sino una sensibilidad inflamatoria a su proteína”, afirmó.

También señaló que ciertos aditivos presentes en productos lácteos procesados, como carragenina, goma guar o goma xantana, pueden irritar el intestino y generar síntomas similares a una intolerancia.

Finalmente, la especialista enfatizó la importancia de no autodiagnosticarse y de consultar con un profesional de la salud para descartar otras patologías digestivas y recibir un plan de alimentación adecuado.

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